06 noviembre 2009

El día que se me rompió la ilusión

Fue el 23 de abril de 1992.
Llevábamos 6 meses viviendo juntos, fui a buscarlo a la salida del trabajo como hacía habitualmente, ese día era Sant Jordi, en Cataluña ese día es tradición que los hombres regalen una rosa a su pareja, la ciudad se llena de puestos de rosas, cada tres pasos encuentras un puesto de flores o de libros.
En lugar de irnos a casa en metro, me propuso que lo hiciéramos paseando, el recorrido, desde Gerona con Diagonal hasta el final de Paralelo, pasando por Paseo de Gracia y bajando por la Ramblas. He de contaros que en estas calles es donde quizás se concentran la mayor cantidad de vendedores de rosas. Yo, ingenua de mi, pensé que lo hacía para poder comprame mi rosa.
Nos fuimos para casa, paseando, pasando por todos aquellos puestos y a cada puesto que pasábamos yo iba pensando, en este, en este se para y me la compra. Y así seguimos hasta que llegamos a la esquina de la calle donde vivíamos, donde había una señora, sentada en una silla con un cubo y unas cuantas rosas, era el último sitio donde podía comprar una rosa. Pasamos de largo.
Cuando llegamos al portal me paré y le pregunte ¿No vas a comprarme una rosa?
Me contestó con ese discurso tán clásico de yo no creo en estas "tradiciones" impuestas por los comercios que lo único que buscan es sacar el dinero a la gente bla, bla, bla...
No dije nada y empecé a subir las escaleras, no me habría importado tanto y hasta lo hubiera comprendido si no fuera por el pequeño detalle de que justo un año antes, dos amigas y yo habíamos ido a pasar el día de Sant Jordi a Barcelona y el había comprado tres rosas, una para cada una y muy galantemente nos las dio mientras nos decía que el día de Sant Jordi, en Barcelona ninguna chica debía quedarse sin rosa.

Al día siguiente fui al corte Ingles, devolví el libro que le había comprado y me compre un CD de Luis Miguel.